10 agosto 2012

XIPHIAS CAPÍTULO XIV POR GABRIEL GUERRERO GÓMEZ



Capítulo XIV

La sabiduría de Salek



“La libertad de vivir con sencillez, es la libertad de poder ser felices”.                   

                                              Noah Salek

                                  (Meditaciones en el ocaso).

         Se habían despedido de Asey acordando mantener un contacto más estrecho para el futuro. La operación había salido mejor de lo esperado. Sisfrón y sus fronteras no se verían amenazadas por esta nueva tecnología, aunque el Imperio seguiría buscando la manera de someterlos. Löthar Lakota había pasado tres días más junto a Asey poniéndose al tanto de sus acciones y de las actividades furtivas que el Imperio realizaba en sus planetas. Era una guerra no declarada, sucia, cruel y genocida, en la que ninguna civilización quería ni mediar ni siquiera denunciar o hablar. Los Sillmarem seguirían ayudándoles en la medida de sus posibilidades enviándoles víveres, medicamentos, información, pero sin dejarse arrastrar a una guerra abierta que implicase al resto de civilizaciones libres y, como consecuencia, a más vidas humanas. El Comandante paseaba por las finas arenas de las playas cercanas al gran Faro Blanco de Marelisth, capital de su amado planeta. Salek paseaba a su lado escuchándole, profundamente preocupado, pese a las buenas noticias. Se sentía inquieto por el futuro de su pueblo.

—Vivimos unos tiempos en los que comienza a dominar y someter la ley de la indiferencia —comenzó a decir con una profunda preocupación reflejada en su viejo rostro Noah Aristóteles Salek, Vicecanciller cultural de Sillmarem. Un hombre profundamente respetado por la profundidad de su inteligencia y de su espíritu—. Gente inocente muere y nadie hace nada por evitarlo, y quien en verdad desea hacer algo, no posee los medios, ni sabe la forma de hacerlo de una manera realista y eficaz.

—Maestro Salek, no todo el mundo cae presa de este nefasto mal —observó Löthar.

—Es increíblemente fácil caer en sus redes. Cuando el mal actúa, basta con que nos dejemos aprisionar por la indiferencia para que nos hagamos cómplices de su victoria más inmediata, empezando por nuestros propios corazones y finalmente en nuestros actos cotidianos —explicó Salek con serenidad.

—Entiendo.

—Nadie es responsable, por lo tanto nadie tiene la culpa. La no admisión de responsabilidades de un acto y sus consecuencias directas o indirectas conlleva a una deshumanización progresiva de nuestras conciencias y nuestros actos, provocando en su grado más extremo el horror más grotesco. Cualquier persona normal puede ser cómplice o víctima de esas consecuencias. Los genocidios del Imperio, y de la más ancestral historia humana, fueron perpetrados por personas como nosotros. Los bombardeos masivos de Thenae fueron lanzados por personas normales, las purgas de los Archipiélagos de Ákila, y tantos otros son ejemplos tan cercanos como esclarecedores —argumentó Salek con más énfasis.

—No todo el mundo obra igual.

—Eso no quita que el horror es siempre el horror. Da igual la máscara política que use. Cualquier ser humano no está exento de la capacidad material de sacar lo peor o lo mejor de nuestra naturaleza guiada por nuestro intelecto, escala de valores, emociones, educación, circunstancias personales o sociales. Por este motivo, Asey y mucha gente como él están tan desesperados, porque nadie les escucha.

—Los Sillmarem hacemos lo que podemos. Asey sabe que puede contar con nosotros en la medida de nuestras posibilidades —justificó Löthar.

—Nuestra indiferencia ante cualquier acto de crueldad o de maldad nos hace cómplices no sólo del acto en sí, sino de su perpetuación, afectando tanto a nosotros como al resto de nuestros semejantes —observó Salek.

—El hombre no debe permanecer indiferente ante el sufrimiento de sus semejantes. Aquí, en Sillmarem, somos muy conscientes de ello —comentó Löthar con calma.



—Sillmarem no puede ser eternamente un edén cultural y civilizado mientras el resto del cosmos salta hecho pedazos a manos del Imperio. Tarde o temprano nos veremos obligados a intervenir —aseguró Salek.

—Pero, Maestro, las implicaciones políticas, moriría mucha más gente.

—Eso, a la larga, terminaría sucediendo de una manera u otra. En los tiempos actuales si uno cuestiona el sistema pasa a convertirse en un proscrito social, en alguien políticamente incorrecto, un subversivo —afirmó un polémico Salek, dejando claramente sorprendido a Löthar.

—Entonces por esta misma regla de tres, todos somos subversivos.

—Desde cierto punto de vista, los Sillmarem siempre hemos sido una cultura de lo más subversiva frente al Imperio, porque amamos la verdad —indicó Salek deteniéndose y fijando su mirada sobre las olas del mar—. Nuestra máxima es el amor y respeto a toda forma de vida, ello incluye protegerla. Procura no olvidarlo para el futuro.

—No es tan fácil de llevar a cabo.

—Tampoco imposible, y siempre merecerá la pena.

Dicho esto, Salek se retiró y dejó a solas a un confundido Löthar. Siempre había escuchado a su maestro que una persona podía estar dispuesta a morir por proteger la vida, pero no a matar, eso era lo que diferenciaba a un hombre de bien de un asesino. Aunque la realidad siempre solía superar con creces cualquier ficción y teoría. Se preguntaba cómo sería el futuro para su pueblo, para todo lo que le era más amado y sagrado. Entonces se dio cuenta que lo mejor que podía hacer era vivir el presente, mirar hacia el futuro y no perder la esperanza. La lucha por la libertad de su alma y la de sus semejantes continuaría siempre un día más.


Nota:  Este ha sido el último capítulo, si os ha gustado pasad por Sillmarem. Buenas nocheeeees.

 



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