31 julio 2012

XIPHIAS CAPÍTULO XI POR GABRIEL GUERRERO GÓMEZ

Capítulo XI


El Complejo


“No debemos ignorar los límites de la carne ni de la mente, ni de los ecosistemas naturales que nos rodean”.
              
                                                Dhalsem Tagore
              (La autoconservación de las especies racionales). 

Löthar sabía que para proteger a su pueblo del Imperio y Sagittanovs, necesitaba destruir esas armas y el complejo científico que las custodiaba. Necesitaba los holoplanos y toda la información de campo que le pudiesen proporcionar los Rebelis de Asey. La única forma de hacerlo, a su juicio, era saboteando su interior con minas de detonación remota y crear un movimiento de distracción en la superficie. Se encontraban en el planeta Segatnia, un protectorado del Imperio. Löthar Lakota, Comandante en jefe de los Xiphias de Sillmarem, calculaba las distancias y número de los depósitos y almacenes necesarios para lograr su objetivo. Eran lugares estrechamente vigilados donde se construían, reparaban y conservaban vehículos de guerra, equipaciones, repuestos, armas y municiones. Sus prismáticos de campaña estudiaban con precisión cada ventaja aprovechable de los alrededores del complejo de Sagittanovs para sus Xiphias. Muchos de ellos, apostados con rifles de precisión, vigilaban la noche con esa casi interminable paciencia propia de su preparación. Asey y un selecto grupo de sus guerreros Rebelis habían decidido acompañarle para aportar su conocimiento del lugar y aumentar las posibilidades de éxito de la empresa. La destrucción de esas nuevas armas significaba salvar vidas Rebelis.

—Preparad los señuelos —susurró Asey por su intercom de pulsera.

—En cuanto vuestros guerreros salgan a la superficie y detonemos las cargas, partiréis en las naves lo más rápido posible hacia Sisfrón —le explicó Löthar.

—Pero, ¿y vuestros Xiphias? —preguntó Asey, extrañado.

—Nada debe preocuparos. Tienen órdenes muy precisas —aseguró Löthar mientras con la mano derecha hacía una señal silenciosa a sus lugartenientes—. <>.

—Siempre pueden surgir imprevistos —señaló Asey sin apenas ocultar un deje de cansancio.

—Cierto. Creedme, no pongo en duda ni la capacidad ni el coraje de vuestros Shinday, pero es necesario que confiéis en mi palabra. Seguid con el plan acordado, vuestros Shindays custodiarán las naves y mis Xiphias contendrán a las patrullas de intercepción. ¿De acuerdo? —la forma de expresarse de Löthar había sido cortés pero firme.

—De acuerdo —asintió soltando el aire lentamente Asey.

Un brillante ajetreo cubría el espacio aéreo de la base científica y militar de Sagittanovs con grandes cargueros posándose en los muelles de descarga y ascensores cuyos empleados no cesaban de trabajar con las entradas y salidas de cajones precintados, contenedores y mega—cajas de transporte. Levita vagones eran dirigidos por control remoto mientras obreros ataviados con exoesqueletos los descargaban laboriosamente con sus potentes brazos extensibles de sujeción, emitiendo el característico sonido metálico de sus engranajes y pesados pasos metálicos. Era un profundo y sofisticado complejo militar de más de diez mil efectivos, donde se enlazaban grandes conglomerados subterráneos.

Súbitamente, una potente deflagración sacudió los tímpanos tanto de Asey como de Löthar. Un par de oscuras columnas de humo se elevaron hacia el cielo. Pronto, vehículos de superficie cercaron la zona preparados para extinguir las llamas. Un grupo de Xiphias salió a la fuga, atrayendo sobre sus siluetas la atención de los centinelas de guardia de Sagittanovs. Este ardid daría tiempo para huir a los guerreros Shinday de Asey con las naves ubicadas cerca de los hangares internos del complejo. Los Shindays, guiados por algunos Xiphias, disfrazados con grisáceos uniformes de la milicia local, se habían introducido en los niveles inferiores, sorteando sus complicados cinturones y detectores de seguridad. Las operaciones por el momento parecían ir bien.

—Esto marcha —susurró Asey.

Löthar recibió la confirmación por su intercom. Los laboratorios del subsuelo habían sido destruidos.

 —Eso parece. No nos precipitemos —sugirió Löthar sin perder la concentración de lo que acontecía en el perímetro de la base.

Sus Xiphias corrían con rapidez, pero las patrullas se les echarían encima en pocos segundos. Löthar vio cómo algunos de sus Aquanautas estaban tentados de ayudarles, disparando desde sus refugios en la oscuridad, viéndose obligado a increparles por su intercom.

—¡Aguardad! Sólo un poco más. No delatéis vuestra posición.
—Los van a cazar —observó un imperturbable Asey.

—Bien, dejemos que se acerquen los escuadrones acorazados de Sagittanovs, un poquito más, hacia los bosques, hacia nuestro territorio —susurró para sí mismo el Comandante. Entonces dio la orden—. ¡Soltad los señuelos!

Parejas aisladas de Xiphias dispararon con armas pesadas atrayendo sobre sí a los escuadrones de acción rápida de Sagittanovs. Una primera línea se rompió avanzando tras ellos con insistencia. Los Xiphias soltaron sus armas tras acabar los cargadores, a la carrera, esquivando con asombrosa agilidad los desniveles del terreno al tiempo que se ocultaban de las nutridas descargas y disparos de las armas de la Confederación. Soltaron una cortina de humo a sus espaldas impidiendo la visión de sus perseguidores. Algunos escuadrones de Sagittanovs aceleraron el paso, separándose del grueso de sus camaradas, adentrándose por el borde externo de los bosques cercanos a la base. El pequeño grupo fugado de Xiphias continuó corriendo y saltando como loco. La agilidad y elasticidad de sus movimientos despertaron la admiración de Asey.

—Eso es, muy bien, ahora ya son nuestros —gruñó Löthar levantándose del suelo para incorporarse a la lucha.

La parte más delicada de la misión estaba a punto de comenzar: salir de allí antes de que el interior del complejo estallase por completo.

—Han caído en la trampa.

—Aguardad. Eso son... ¡son velocidroides! ¡Maldita sea! No contábamos con esto —rugió Asey mientras desenfundaba su arma y la cargaba, señalando a una zona determinada.

—Ahí están, ¡abrid fuego! —rugió Löthar. Una hilera de disparos brotó desde la espesura del bosque.
Velocidroides de asalto se abalanzaban hacia ellos con cegadora rapidez zigzagueando los abruptos desniveles de la superficie. Löthar ordenó asegurar los disparos antes de ser efectuados. La tecnología necesaria para fabricar tales maquinas asombró a los Rebelis y Xiphias por igual.

—Esos androides parecen flotar sobre el suelo —gritó Löthar.

—Si no los detenemos, nos despedazarán —advirtió Asey.

—Nuestros disparos están siendo repelidos por los droides—coraza de primera línea —advirtió otro guerrero Shinday.

—No disponemos de artillería pesada —se lamentó Asey disparando sin parar en un loco frenesí de angustia.

—¡Disparad! —dijo Löthar.

—Van a usar su ventaja de armamento —añadió Asey.

—Una batalla acorazada —advirtió Löthar con sangre fría, viendo cómo un Velocidroide se abalanzaba sobre su línea de defensa levitando al tiempo que abría ambas manos desplegando en sus palmas dos conos metálicos con multidisparadores giratorios, sembrando una lluvia de destrucción alrededor.

Gritos de dolor y terror sacudieron los tímpanos de Löthar. Asey tecleó algo en su intercom de muñeca. Un enjambre de explocam se abalanzó desde la espesura para sorpresa del Comandante Xiphias en pos de los Velocidroides.

—Son gravitocámaras—opticas, ¿cómo esperáis detenerlos? —le recriminó Löthar con furia.

—Aguardad un poco —gruñó Asey dejándose caer sobre la tierra al igual que Löthar, sintiendo la humedad del suelo en su cuerpo.

—Saben de su superioridad numérica, por eso usan sus unidades blindadas, para hacernos la mayor cantidad de bajas posibles hasta darnos el golpe final. Saben que no las podemos reponer, debemos evitar el cuerpo a cuerpo —observó Löthar.

Racimos de gravitocámaras estallaron interceptadas por el fuego de Sagittanovs, produciéndose deflagraciones de gran tamaño, insospechadas en unos aparatos tan pequeños, cuya única función era la toma y envío de imágenes de superficie. No todas fueron interceptadas, logrando colisionar directamente con los Velocidroides de la base, convirtiéndolos tras explosionar en miles de añicos y pedazos humeantes de metal.

—Pero, ¿cómo diablos? —preguntó Löthar perplejo.

—No olvidéis que los guerreros Shinday estamos muy habituados a luchar con gran escasez de medios, no disponiendo de artillería pesada. Por ello modificamos las gravitocámaras, adosándoles cargas explosivas magnéticas, con óptimos resultados como habéis podido comprobar —aclaró con alegre autosuficiencia Asey —. ¡Os lo advertí, siempre surgen imprevistos!

—Por supuesto, lo usareis también para interceptar Androkazes imperiales. No carecéis de ingenio —asintió Löthar con una fugaz sonrisa.

—Somos un pueblo pobre, pero inteligente —demostró Asey con orgullo.

—Os debo una. Ahora salgamos de aquí —dijo Löthar activando su intercom—. Ekonyes que salgan ahora.

Tres alargados vehículos de superficie se abalanzaron sobre la rugiente masa de infantería blindada de la base. Apenas lograron atropellar a unos cuantos soldados.

—¿Pensáis detenerlos con eso? —interrogó Asey, incrédulo.

—La mejor manera de detener a un enemigo tan numeroso es hacer que se destruya a sí mismo, son demasiados y demasiado juntos —señaló Löthar.

Asey le lanzó una furtiva mirada de duda. Debía haber unos dos mil hombres en esa zona. Los vehículos interceptados por los cañones de Sagittanovs estallaron, creando anaranjadas nubes de fuego que incineraron a cualquier ser viviente a su paso, quemando el oxígeno de su alrededor.

—Estaban repletos de explosivos incendiarios —exclamó con admiración Asey—. Ellos mismos han firmado su sentencia de muerte. Me gusta vuestro estilo.

—Creo que podemos aprender mucho los unos de los otros —comentó Löthar.

—Desde luego.

—Este es el respiro que necesitábamos. ¡Retirémonos ya! —ordenó Löthar.

Otra oleada de Aquanautas les auxilió cubriendo su retirada, uniéndose a toda la confusión de cuerpos y fuegos entrecruzados. No muy lejos de Löthar, su mejor lugarteniente, Ekonyes, se aproximó mientras se esforzaba por cubrir a su Comandante. Si todo falla, todavía llevamos pistolas de mortífera efectividad, pensó Asey. Seguían siendo más numerosos que ellos. Ekonyes retiró la carga vacía de su subfusil láser, lo recargó, apretó sus pies para adquirir mayor firmeza de tiro y apoyó la culata sobre uno de sus hombros. Con un movimiento mecánico, Löthar se situó a su lado e hizo otro tanto. El zumbido, de las racheadas descargas cortas de sus armas, se difuminaba con los gritos, rugidos y explosiones de alrededor. Asey maldijo furioso. Ekonyes escupió a un lado y se dispuso a disparar de nuevo, pero no hubo necesidad de hacerlo. A Asey se le encasquilló por un segundo el subfusil. Ekonyes tiró una granada, saltando por el aire varios cuerpos enemigos desmembrados. Aprovechando la ventaja de la pausa, hicieron una descarga sobre la retaguardia de la infantería de la base, obligándoles a una retirada en masa, aunque no tardarían en reagruparse. A una señal de Löthar, los Xiphias se retiraron con rapidez a sus vehículos de superficie y así retornar a sus lanzaderas de asalto. Alejándose, corriendo e internándose al abrigo del bosque más cercano. Los guerreros Shinday guiaron a los oficiales de Löthar a lugares ocultos sólo conocidos por ellos. La oscuridad de alrededor se vio arañada y acuchillada con relumbrantes fogonazos, haces láser y alargadas descargas de luz escarlata.

—Mis comandos me comunican que las naves cargadas con nuestros hombres han logrado salir de los hangares de la base. Podemos marcharnos ya —informó Asey.

—¡Tenemos vía libre! —exclamó Ekonyes.

—Pero la base, aún no hemos acabado el trabajo —trató de decir Löthar.

—¡Salgamos de aquí cuanto antes! —le reprochó Asey.

—Debemos destruir la base —insistió Löthar.

—No es nuestro objetivo prioritario —le censuró Asey.

—Pero mis hombres ya… Es una oportunidad única, de lo contrario todo nuestro esfuerzo no habrá servido de nada —insistió Löthar —. Falta la detonación del resto de cargas de mayor potencia.

—Debemos sacarlos de aquí vivos, necesitaremos hasta el último guerrero Shinday para la defensa de Sisfrón, Comandante —razonó el líder Rebelis.

—Maldita sea, aguantad.

—¡Salgamos de aquí! —le gritó Asey.

—Está bien —gruñó Löthar, contrariado.

—Hemos hecho de anzuelo con bastante eficacia, mientras vuestros comandos saboteaban los laboratorios —comentó Asey.

—El trabajo está sin rematar, los vuestros volverán a…

En ese instante una cegadora nube de fuego brotó del interior de la base, incinerando todo lo que había a su paso. Löthar, Asey y el resto de sus hombres se vieron sacudidos y lanzados con violencia contra el suelo por la tremenda onda expansiva de la explosión.

—Lo admito, vuestro plan ha funcionado. Ahora sí que no volverán a ser una amenaza para nadie —reconoció Asey.

—Ahora nuestros cazas los distraerán mientras nosotros salimos del planeta —explicó Löthar —. Debemos llegar a Ankorak lo antes posible.

Asey se alegró mucho de tener a semejantes aliados a su lado. De seguir así, podrían tener alguna remota posibilidad de supervivencia. La resistencia de Sisfrón continuaba viva en sus acciones por el momento, sólo por el momento. No olvidaba que aún corrían para salvar la vida y que todavía no habían logrado abandonar el planeta.






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