10 julio 2012

XIPHIAS CAPÍTULO V POR GABRIEL GUERRERO GÓMEZ




Capítulo V

Sillmarem


“El precio de la humildad humillada, es nuestra sangre”. 

Asey
          
  (Actos de conciencia, meditaciones de consciencia).   


— ¿En dificultades, querido amigo? Vaya, nuestro invitado parece encontrarse mejor —observó Miklos invitando a Löthar a sentarse cerca de ellos.

Löthar obedeció observando las fichas del tablero en silencio.

— ¿Te gusta el ajedrez? Mi amigo, aquí presente, es un gran estratega.

—Sí, lo es —corroboró Löthar estudiando de una ojeada el tablero.

—Vaya, ¿te gusta el ajedrez?

—Aha, hasta el mejor de los estrategas puede tener un mal día —susurró Löthar —. ¿Me permiten?

Chakyn le miró pensativo, cruzó una mirada con Miklos y con un gesto le invitó a mover una ficha.

—Alfil a reina. Jaque mate —murmuró con humildad Löthar.

Chakyn soltó una carcajada y esta vez fue Miklos quien arrugó el entrecejo.

—Vaya, ¿quién te ha enseñado a jugar así?

—Mi abuelo Aticus.

—Era de esperar —asintió Chakyn, divertido.

— ¿Dónde está mi abuelo?

–Tu abuelo se halla en cuidados intensivos. Ha bordeado la muerte, pero sobrevivirá, es un hombre de una extraordinaria constitución física.

— ¿Sus ojos?

—Le implantaremos unos nuevos. No sentirá la diferencia, pero discúlpame, lo estamos haciendo todo al revés, debemos presentarnos como mandan las buenas costumbres de Sill. Yo me llamo Miklos y este de aquí es mi jefe de científicos, Chakyn Chakiris.

—Es un honor para mí conocer al nieto de Aticus. Eres un joven muy valiente.

— ¿Dónde estoy? —preguntó Löthar hondamente impresionado por aquel enigmático lugar.

—Oficialmente, en territorio de Sillmarem, extraoficialmente en una aquaesfera de los mares de Herakliontes. Ha faltado poco para que acabasen con vosotros dos.

—¿Quiénes eran esos extranjeros? ¿Por qué querían matarnos?

—¿Tu abuelo no te ha explicado nada? —preguntó Chakyn, perplejo.

—Este Aticus, tan discreto como siempre —dijo Miklos—. Esos hombres querían vengarse de vosotros, por eso iniciaron una larga cacería y Aticus lo sabía.

— ¿Qué es lo que sabía? —preguntó Löthar intrigado, un poco confuso.

—Que tipos de hombres eran. Habíais violado lo que ellos consideraban su autoridad, es decir, su poder —recalcó Miklos estudiando las reacciones de Löthar.

—Intentaron violar a Erene, golpearon a su padre, torturaron a Aticus y casi nos queman vivos, ¡son criminales! —dijo Löthar alterado.

—Son Casacas negras, guerreros del Imperio. Los guerreros más despiadados de todo el universo conocido. Desafiasteis su poder —afirmó Chakyn.

—Era eso o ver morir a nuestros amigos —sentenció Löthar con un aplomo impropio de un muchacho de su edad.

—Lo sé y lo entiendo —le aseguró Miklos sopesando al nieto de Aticus.

El chico estaba hecho de una pasta especial. Aticus había hecho un excelente trabajo con el muchacho.

— ¿Y tú lo entiendes?

—Eso creo. Mi abuelo me dijo que mi destino, el propósito de mi vida, lo hallaría algún día en Sillmarem y tendría que tomar una decisión.

— ¿Sabes quién es tu abuelo?

—Mi abuelo es muy reacio a hablar de sí mismo.

—Típico de Aticus —resopló Chakyn.

—Tu abuelo es el guerrero más laureado de toda la historia de Sillmarem. Ha sido el mejor Comandante en Jefe de nuestros Xiphias, los mejores guerreros de Sill.

—No os entiendo, Señor, ¿por qué tanto silencio y secreto?

—Por tu seguridad —le contestó Chakyn.

— ¿Mi seguridad? Yo no soy nadie.

—Te equivocas. Tus padres ocuparon ese cargo de gran honor en mi mundo. El comandante en jefe de los Xiphias tiene la obligación de proteger la vida del príncipe de Sillmarem, con su vida si es preciso, ambos murieron tratando de salvar la vida de los difuntos príncipes de Sillmarem, pero eso es otra historia. A su muerte, Aticus decidió encargarse de tu educación, llevándote consigo al planeta Herakliontes. Todos estos años de adiestramiento con tu abuelo tenían un único objetivo: prepararte para ser el siguiente ángel custodio del actual príncipe heredero. Y yo, como regente, puedo decirte que estarás perfectamente preparado para desempeñar ese cargo algún día.

— ¿Yo Comandante en jefe de los Xiphias? ¿Ángel custodio del próximo príncipe de Sillmarem? Eso es imposible ¿Por qué yo? Esto es de locos, ¿de perderlo todo, ahora voy a ganarlo todo?

—Necesitas tiempo para meditar. Has sido educado para esto. En unos meses tú y Aticus hubieseis sido llevados a Sillmarem. Pero este desagradable altercado, por decirlo de alguna manera, ha acelerado el proceso de tu selección. No obstante, la última palabra la tienes tú. En caso de ser negativa nadie podrá censurarte nada, muchacho, se te permitirá hacer tu propia vida en Sillmarem o en cualquier otro lugar que te plazca. Te proporcionaremos los medios. Es un derecho que te has ganado a través de los actos de tu familia.

— ¿Cómo nos localizasteis? —preguntó Löthar impulsivamente.

—El collar que llevas ha sido programado para conectarse al contacto con tu piel y tu ADN. Esa llamada había sido prevista con mucha, mucha antelación. Lamento que haya sido en circunstancias tan extremas, pero mirándolo desde cierta perspectiva, también ha servido para comprobar algo.

— ¿Qué?

—Tu abuelo Aticus no ha fallado en su adiestramiento. Gracias a él sobrevivisteis.

Löthar giró la cabeza aturdido. Torrentes de pensamientos corrían desbocados por su cerebro. Ahora todas las piezas encajaban, sus años de preparación y aislamiento, la filosofía del respeto a toda forma de vida inculcada por su abuelo, todo ello con un único propósito: unirse y servir a los Sillmarem.

—Mi abuelo me dijo que cuando conociese Sillmarem y a sus gentes podría decidir por mí mismo qué hacer con mi vida, ¿es verdad que vuestra máxima es el respeto de toda forma de vida?

—Lo es.

—Si es así, lo quiero comprobar por mí mismo, con mis propios ojos. Iré a Sillmarem y después tomaré mi decisión libremente —afirmó Löthar.

—No esperaba menos de ti, muchacho —comentó Miklos, sonriente. Chakyn asintió en silencio.

—Te advierto que no será un camino de rosas.

—La vida nunca lo es —corroboró Löthar con sorprendente madurez en su joven rostro—. Y, ¿qué hay de aquellos hombres?

—Serán ajusticiados en su momento —aseguró Miklos con tal seguridad que a Löthar se le disipó cualquier duda.

—Bien, y ahora, ¿qué te parece si para celebrarlo, echamos una partida antes de cenar?

—Con una condición.

— ¿Cuál?

—Después me permitiréis estar con mi abuelo.

—Dalo por hecho.

 Chakyn Chakiris cedió gustoso su sitio. De vez en cuando la mente de Löthar no podía evitar anticiparse. Quería hacerlo, quería conocer aquel enigma viviente que significaba el mundo de Sillmarem. Sí, iría a Sillmarem para encontrarse de una vez por todas con su destino.


 



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