14 febrero 2011

SHINDAY CAPÍTULO VI POR GABRIEL GUERRERO

VI
THANOS

“Es en tu fragilidad donde hallarás tus más grandes logros”.

Dhalsem Thagore.
(Por la senda de la perfección)

 
Al entrar en Thanos, pronto divisaron una extensa acumulación de naves y cargueros imperiales; ordenadas patrullas de Walkirias imperiales merodeaban por cada esquina. Onistaye observó, sorprendido, la tremenda concentración de tropas en los muelles de embarque. Levita-blindados de triple cañón, carros-ariete de asalto, tanquetas con turbo-láser… en definitiva, una frenética actividad bullía en los hangares. Las refulgentes estelas de la llegada y salida de transportes eran incesantes. Estaban perplejos por aquel dispositivo militar preparado para entrar en acción en cualquier momento. Una riada de torretas anti-g, fuertemente protegidas con arcos energéticos, y circundados a su vez por levito-minas, desfilaba ante ellos formando concéntricos cinturones de seguridad y chequeo. Hábilmente disimulados entre las plantas, podían adivinarse los dispositivos de seguridad, armas láser de largo alcance.

Su levito-trailer avanzaba despacio. Caras danzantes de todo tipo y forma asomaban fugazmente por las ventanillas, para escaparse instantes después con indiferencia, siendo apenas retenidas sus imágenes en la memoria de Atsany. Uniformes marciales, rostros rígidos y concentrados.

-Ya estamos llegando al último control -dijo Onistaye. -¿Cómo superaremos las defensas de la fortaleza del Conde? -preguntó Atsany.

-Como vegetales -respondió enigmáticamente, Onistaye.

-¿Cómo…?

-Lo sabrás en su momento.

Atsany usó un analizador molecular.

–Muchas de estas gentes son Androkazes -susurró.

-Sí, pero fíjate, a ninguno le permiten entrar en las instalaciones del interior. El Conde no quiere arriesgarse a morir saltando por los aires, es una pieza de cuidado -dijo Onistaye.

-No veo civiles por ningún lado.

-Ha acorazado el planeta entero.

Bueno, ya estamos aquí. Salir será otra cosa, pensó Onistaye expulsando de golpe todos sus temores. Atsany estornudó a su lado; los pechos del resto de Rebelis se irguieron con tensión. Al final del carril pudieron distinguir las uniformadas siluetas de un nutrido grupo de centinelas cortando el camino.

-Atención, puesto de control -advirtió Atsany.

-Deben tener los accesos vigilados para prevenir infiltraciones.

Un guerrero Shinday se inclinó para escuchar con más detalle la conversación de Onistaye y el puesto de control.

-Reduzcan la velocidad de su vehículo e identifíquense para una inspección -ordenó una dura voz por el intercom.

Onistaye hizo una seña a Atsany, advirtiendo al resto de sus hombres de no romper para nada el silencio. Onistaye fue aminorando la marcha del levito-trailer con cuidado.

-¿Por qué tantos controles de seguridad? -preguntó Atsany por lo bajo.

-No quieren que se sepa qué se cuece en el interior -señaló Onistaye, intrigado.

-Me siento como un ratón husmeando en la boca del gato.

-Yo no lo habría descrito mejor -apostilló Onistaye.

Atsany lanzó una evaluativa ojeada a las esféricas casetas de vigilancia enterradas en el suelo. Estaban repletas de armas y equipadas con multitud de sensores y rastreadores. Ovo-plataformas a suspensor con sendos disparadores láser, les vigilaban desde distintos ángulos. Un solo descuido, y los freirían al instante.

-Ocultan algo importante -dijo Atsany señalando con el dedo a un cielo atestado de pequeñas y densas bolsas esparcidas de minas flotantes de defensa pasiva, cerrando un completo perímetro de seguridad aérea. Sólo permanecían despejadas las vías de acceso a la capital para los escuadrones militares compuestos por cazas de pequeño tamaño.

-Debe ser algo muy, muy importante.

Atsany asintió en silencio.

-Cuando usen los identificadores de ADN… -dijo Atsany.

-Llevamos implantados distorsionadores-lectores. Usaremos su propia base de datos para obtener nuestras señas de ADN. Es algo que no se esperan.

-Eso espero -añadió Atsany ocultando su temor.

-Preparaos y no hagáis ningún ruido.

Atsany parpadeó nervioso; Onistaye notó cómo el pulso se le aceleraba; su levito-trailer se detuvo frente al puesto de control, entre tanto, otros transportes y deslizadores de carga proseguían monótonamente su recorrido. Un guardia uniformado de negro, con un círculo rodeando una K plateada como escudo en su pecho izquierdo, armado con un rifle de largo alcance, se les acercó con paso autosuficiente, alzando a un mismo tiempo la mano a la altura de la visera, con un marcial saludo. Las negras pupilas de Atsany pudieron identificar los dorados galones de capitán en su cuello y hombros.

Onistaye oprimió un botón, y la ventanilla se bajó; asomó la cabeza e intercambió, sonriente, varias palabras en spangle, entregándole acto seguido una holotarjeta de identificación y un salvoconducto de acceso. El oficial, después de estudiar los documentos con especial cuidado, alzó los ojos bajo la visera de su gorro, y estudió durante varios segundos sus facciones; segundos que a Onistaye se le hicieron eternos. Miró de nuevo el salvoconducto, se giró y retiró, deteniéndose después frente a un videófono con teclado de campaña custodiado por dos de sus subalternos.

Una perla de sudor se deslizó por la mejilla de Atsany. Onistaye siguió con la mirada cómo Atsany y sus Shindays se llevaban la mano a la culata de sus armas, hábilmente ocultadas entre los pliegues de la ropa. De nuevo, se fijó en cómo el oficial tecleaba algunas palabras, y aguardaba impaciente, lanzando de vez en cuando recelosas miradas al tráiler. Parecía que el tiempo se había detenido por completo.

Otros vehículos, temporalmente estacionados a ambos lados de la vía, accedieron y prosiguieron camino pese a haber llegado más tarde que ellos. Ese detalle preocupó a Onistaye, que miraba cómo se perdían por el interior de la capital.

-Nos han atrapado -dijo Atsany.

-Cállate -ordenó Onistaye.

-Tarda demasiado.

-Ten paciencia -dijo en voz baja, Onistaye.

Algunos Shindays contenían la respiración con sus cuerpos rígidos, en tensión.

-Sólo un poco más.

Onistaye también estaba intranquilo, y en la última palabra le tembló ligeramente la voz. Posó su mirada sobre un par de perros-tikre que yacían tumbados, aguardando pacientemente al lado de sus custodiadores. Estaban utilizando perros de guerra imperiales, y eso era un dato a tener en cuenta.

Por el videófono, repentinamente, apareció un rostro duro y de mandíbula prominente. Era una Walkiria imperial de alto rango que intercambió varias palabras con el oficial de la guardia. El capitán hizo una seña; rápidamente, un cordón de seguridad se desplegó alrededor del vehículo, levantando sus armas; de una de las torretas de vigilancia apostadas a ambos lados del camino, surgió un doble mini-cañón que les apuntaba directamente; una oleada de tensión recorrió el interior del tráiler.

-Quietos -ordenó Onistaye a sus hombres.

Debían evitar la violencia a toda costa.

-Quietos he dicho, que nadie se mueva. Manteneos ocultos.

Un par de Walkirias ataviadas con armaduras de asalto escanearon el vehículo meticulosamente; había guardias por todas partes; un paso en falso y…

Atsany agitó la cabeza procurando regular su respiración. Onistaye pudo leer en los labios del oficial un nombre, Mesala.

-El senescal del Conde -susurró Onistaye.

-¿Y si los distorsionadores ya no son válidos?

-Ya estaríamos muertos.

-Creo que deberíamos intentar saber qué es lo que traman -dijo Atsany.

-Negativo. Nuestro único objetivo es la neutralización del Conde Alexander Von Hassler.

Onistaye se interrumpió al comprobar que los guardias a su alrededor cargaban sus armas, dispuestos a abrir fuego.





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